Y entonces, llegó la inevitable despedida, nos miramos, sonreímos entristecidamente y nos dijimos: "Hasta luego". Sin querer nuestras manos se rozaron, una suave caricia notamos. Lo nuestro no era un adiós para siempre, nos volveríamos a ver tarde o temprano, por eso no perdíamos la esperanza. Cuando lo vi por primera vez, sentí algo, no estoy segura de qué pero fue fantástico. Es el chico con el que llevo soñando toda mi vida, "Es perfecto" me dije a mi misma. Y entonces me acerqué a él, me agarró con delicadeza la cintura, me miró con esa mirada tan perfecta que tiene, sonrió y me besó. Un beso tan especial que hizo que una lágrima recorriera mi rostro. Estaba apenada, sabía que no, pero tal vez sería la última vez que nos veíamos. No, no podía dejarlo ir, por primera vez me di cuenta de que no le quería, le amaba y muchísimo más que eso. Las palabras no salían de mi boca, tenía los labios secos, la cara pálida, las piernas me temblaban y las manos me sudaban, tenia miedo a perderle. Él, dio media vuelta y decidió irse. A medio camino, giro la cabeza, me miró y sonrió de nuevo, bajó la mirada y siguió su camino mientras yo me destrozaba aun más por dentro en silencio. No aceptaba esa realidad que rompía todas mis falsas ilusiones, así que armada de valor fui tras él, le abracé por detrás y le besé en la mejilla por última vez.
Me devolvió el abrazo y dijo: "Debo irme, es importante, pero te prometo que volveré...Te Amo."
Calló de nuevo todos mis lamentos con un beso y esta vez se iba de verdad, yo lloraba pero no podía hacer nada al respecto. A día de hoy le sigo esperando, meses sin perder la esperanza de verle tan solo unos segundos y recordar juntos todos esos momentos a su lado. Me prometió que volvería, estoy convencida de que que volverá.






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