Al principio no te das cuenta, lógico, porque a todos nos gusta variar. Pasa el tiempo y lo asumes, las cosas son así y punto. Pero de repente un día sin saber por qué empiezas a mirar fotos, pensando que todos esos recuerdos plasmados te van a dar igual, que serán indiferentes para ti, porque todo aquello ya no te afecta. Piensas que todo aquello ya es insignificante para ti, que aquella persona no te importa ya ni lo más mínimo. Y pasa una foto. Y otra. Y otra mas. Y con cada foto recuerdas un momento distinto, una broma distinta, una situación diferente. Y los recuerdos se van entrelazando en tu cabeza hasta formar una historia. Y así en frío lo piensas. Y le das vueltas. Y razonas. Y te paras a analizar qué fue lo que salió mal, mientras tanto siguen pasando fotos. Curiosamente en todas ellas ves dos sonrisas, pero no unas sonrisas cuales quiera, ni sonreír por el hecho de "a ver si salgo bien en la foto", sino sonrisas de complicidad.
También sabes que pasarán meses y más meses y nunca te vas a olvidar de esa persona, porque cuando alguien ha sido muy importante para ti, quieras que no siempre la vas a llevar muy dentro, nunca se va a ir.
Y cuando piensas que todo lo que respecta a su ambiente te da igual, una noche te das cuenta de que las echas de menos la mesa de siempre, las fotos de siempre, las risas de siempre, las miradas de siempre, las bromas de siempre, los horarios de siempre... pero también te das cuenta de que es lo que hay, y no queda más remedio que asumirlo, porque lo que pasó pasó y nadie lo puede cambiar... Pero derrepente todo cambia, la vida da un giro inesperado y parece que todo comienza a ir bien. Ya no quiero olvidarte, solo quiero pensar en ti.





No hay comentarios:
Publicar un comentario
Deja tu comentario :)